El trato preciso de extracción del objeto
El tema de interés en el presente trabajo es comprender más de la psicosis en relación de ¿Qué hacer con un sujeto psicótico que confundido como objeto se presta como objeto de goce del Otro? ¿Hay una manera de tratar la psicosis para que salga del lugar de objeto, en la cual el psicótico está posicionado por la forclusión del Nombre del Padre?
Para llegar a comprender estas preguntas, primero se detallará la psicosis en relación al objeto. El ser humano al nacer y a traspasar el estadio del espejo logra construir su primera identificación, logra el niño diferenciarse de la madre, como una entidad diferente a los demás objetos que lo rodean. Esta diferenciación no es inmediata para el infante, éste alcanzará su logro posterior cuando adquiera el lenguaje, donde asumirá su imagen como propia y le pondrá sentido. Esta separación del niño con la madre es posible gracias a la función paterna. En la psicosis al estar forcluido el Nombre del Padre con su función de corte, el psicótico al faltarle lo simbólico, que es lo que le permite al infante dominar al mundo, manipularlo y sentirse diferenciado de él, no se logra diferenciar de la madre y de los otros objetos quedándose alienado a estos. El sujeto psicótico queda confundido como un objeto más en el espacio que lo rodea, siendo así los objetos prolongaciones de su propio cuerpo. La forclusión del Nombre del Padre impide la operación de la castración, y al faltar la falta, el sujeto queda como esclavo de los imperativos de goce del Otro.
En el sujeto es necesaria la extracción del objeto para constituirse como tal. El juego del fort-Da, se da con la extracción del objeto, ya que el niño puede tener presente a la madre, pero también sentir su ausencia, separándose y diferenciándose de ella. Según Miller “el objeto a es un jirón (pedazo desgarrado) de su superficie y es su sustracción de la realidad la que la enmarca”. El sujeto debido a su falta en ser, crea. Precisamente por la extracción del objeto y el agujero que esto deja, es que el sujeto en ese agujero, puede crear algo para asimilar su falta. Es lo que introduciría al sujeto en el orden fálico, puesto que el falo viene bajo la forma de una falta, sobre esta falta el sujeto elabora un saber supuesto. En el sujeto psicótico al no haber la extracción del objeto a, este no queda incluido en el orden fálico, no se constituye como falta en ser, sino como ser con su objeto a confundido con él. Por esto el psicotico se presta como objeto de goce del Otro, percibiendo una multiplicación del objeto, donde es hablado, comido, cagado o mirado. Confundido como un objeto más, el psicotico no logra manipular y utilizar los objetos pulsionales para su goce propio, sino que se convierte en un objeto de goce del Otro. Sujeto y objeto son lo mismo para el psicótico, por eso se percibe a sí mismo como si fuera un otro, el habla o mira como otro en su propio ser, o es hablado y mirado por su misma posición de objeto.
Ahora bien, si el psicótico se presta como objeto de goce del Otro por estar confundido como objeto debido a la forclusión del Nombre del Padre, al no instaurar el orden simbólico la separación madre-niño y que logre su identificación , ¿qué es lo que quiere lograr el psicoanálisis con el trato con el psicótico?. Precisamente el psicoanálisis lo que desea es realizar una extracción del objeto en el psicótico, tal vez no una extracción como la lograda por el neurótico, ya que éste si contó con la función paterna, pero si es posible realizar una extracción por fuera del orden fálico, pero que logre que el sujeto psicótico salga de su posición de objeto y pueda decir algo de si mismo, pueda responder en algo sobre lo que le sucede, siendo sujeto psicótico, pero sujeto.
Para realizar esta extracción, el analista conoce sobre la operación psicótica de prestarse como objeto de goce del Otro. Este Otro se presenta como un todo saber que goza maléficamente del sujeto psicótico, por este conocimiento, el analista no se va a presentar como un Otro todo saber para el psicótico, sino por el contrario, el analista busca otra posición para que el sujeto psicótico logre establecer un lazo con él y demande ser escuchado. El analista se presenta para esto como un semblante de objeto, con esto logra que el psicótico salga de esta posición de objeto que el analista ocuparía y pase a ocupar su lugar como sujeto que le habla al analista sobre lo que le ocurre, pero no es hablado, el psicótico puede empezar a hablar. “La propia división subjetiva del analista, posibilitará que el psicótico vaya a ocupar ese mismo lugar de división, dirigiendo su queja, o eligiendo como destinatario del síntoma, del delirio, del Otro del que es objeto de goce, al analista” [1]
Al lograr que el psicótico pueda desplegar un discurso, por medio de su delirio, hace que este cree efectos de sujeto y es aquí donde se posibilitará algo del orden del desprendimiento del objeto con el cual está identificado el sujeto psicótico, por lo que podría salir de puro objeto de goce del Otro a gozar con el semblante de objeto que se le presenta con el analista. En el acto de hablar, el psicótico limita al goce, lo atempera, puesto que esto es lo que realiza la palabra, sirve de filtro al goce para que no inunde al sujeto, he aquí la importancia de hacer hablar al psicótico, a través de su propia creación de delirios sobre lo que le ocurre, sobre lo que escucha, sobre lo que siente como invasivo a su ser. Al dirigir sus enunciados al otro del analista el psicótico se tacha produciendo un efecto de sujeto y una producción de significantes que lo constituyen como tal, además de formar un lazo con el otro.
“ La tarea del analista se establece sobre la maniobra de desalojar al paciente de su lugar de condensador de goce; de ir separándole, distanciándole del goce del que es objeto, atemperar el goce que le consume a través del proceso en que el psicótico habla y le dirija su palabra al analista”[2]
El delirio viene a ser una manera de reparar el Nombre del Padre forcluido, metáfora subjetiva no fálica que por medio de la cual el sujeto construye un anclaje en el campo de la significación. El analista al inducir en el trato con psicóticos a que este cree un delirio, lo saca al sujeto psicótico de su posición de objeto, víctima de los imperativos y manipulaciones del otro, el sujeto logra decir algo y responder sobre lo que percibe como invasivo, y en este acto de responder, existe una extracción de goce y del objeto incorporado en él, no quedándose como objeto- víctima ,sino que logra salir de esta posición al enunciar por medio de la palabra al otro del analista sobre lo que le amenaza y tal vez lo que puede hacer para no seguir amenazado. A través del acto de hablar el analista trata de que el sujeto psicótico construya una barrera al goce, organizando por medio del delirio un goce que estaba desamarrado.
Para ejemplificar lo expuesto anteriormente se traerá a colación el caso de Yves, trabajado por Virginio Baio. Yves, niño de cinco años que no habla y golpetea las cajas plásticas de las galletas, además no come y sólo roe el borde de las galletas. A este niño que no habla había que maniobrar la forma de hacerlo tener que dirigirle un enunciado al otro, y se lo hizo no dándole todos los alimentos del menú y otorgándole galletitas rotas, la respuesta de Yves fue de reclamo ante lo que le faltaba. Yves pasa de un golpeteo metonímico que lo ubicaba como un objeto ensimismado igual que su caja de galletas, a crear un reclamo al otro que le extrae algo, haciéndolo sentir que le falta, lo agujerea, y este efecto de división lo construye como sujeto, puesto que empieza a desplegar una metáfora delirante a partir de eso que fue quitado, a posicionarse como sujeto que habla sobre lo que le falta. Pero este es un primer paso del analista, luego este debe maniobrar la manera que el sujeto psicótico lo coloque al analista en el lugar de su notario, esto lo logra primero ubicándose como semblante de objeto, vaciado de saber, presto a recoger el saber del psicótico. El analista tiene la posición de S2 para que el psicotico haga cadena en el campo significante
Otro ejemplo es el caso de Pippo, un niño que estaba encerrado en su mundo, como si fuese sordo, ciego y mudo. Lo único que hacía Pippo es golpetear contra el vidrio un vaso que tenía en la mano, esto conjuntamente con un ruido que hacía con los labios. Lo que hace el educador es acompañar el sonido del golpeteo y los labios de Pippo, con sonidos de su guitarra, logrando que Pippo saliera de su mundo solitario que lo ubicaba como objeto a dirigir la mirada al otro, el educador introdujo un corte en el sonido metonímico que Pippo hacía en solitario, y así este pasó a reconocer a un otro aparte de él, este corte que lo agujereó hizo que Pippo creara junto al educador más sonidos distintos al tic- toc repetitivo. El educador hizo una maniobra de extracción del objeto, cortando de alguna manera el goce en solitario que vivía Pippo, extrayendo algo de su goce para dirigirlo al otro a través de su mirada.[3]
Es menester incluir a través de casos los efectos clínicos que dicha extracción conlleva. Se citará algunos que logran que se entienda estos efectos.
El caso Roberto de Rosine Lefort demuestra paso a paso el efecto clínico de la operación de extracción de objeto en un sicótico. Roberto es un niño de 6 años de madre paranoica. Lo marca un evento en la infancia cuando durante una operación lo mantuvieron a la fuerza con un biberón de agua azucarada en la boca para impedirle gritar mientras le agujereaban los oídos. En esta escena Roberto en vez de poder gritar para demandar al otro , posición que le daría un lugar como sujeto, es presa del goce del otro situándolo como objeto a merced de él. Durante la cura de Roberto se puede enfatizar un primer momento donde intenta mutilarse el pene con una tijera de plástico, es un juego de corte en su propio cuerpo, un movimiento de agujerearse, de extraer una parte en la dimensión de su cuerpo (el intento de corte crea la falta, agujero en lo real de su cuerpo, indispensable para que sea posible el anudamiento de sus dimensiones). En un segundo momento Roberto crea un nuevo significante “lobo” con el cual se identifica, otorgándole un lugar que lo ayuda a constituirse, ya que a partir de este significante crea su delirio. Este significante le brinda la posibilidad a Roberto de jugar con otros niños, diferenciándose de un objeto inanimado en la institución a ser el “niño del lobo” donde puede jugar a aterrorizar a los demás niños e incluso se pone en cuatro patas y aúlla. Es un juego que lo saca de su posición de objeto pudiendo ser una forma de extracción de objeto, puesto que al ocupar el lugar de “lobo” significante que él crea, extrayéndolo de su entorno, desarrolla su delirio. Esto implicaría un agujeramiento en la dimensión del lenguaje (el nombrar lo tacha). Un tercer momento es cuando Roberto al correrle la leche que sale de su biberón sobre su cuerpo hasta llegar sobre el pene, nombra su cuerpo a partir del significante ROBERTO, el nombrar o nombrarse es ya un agujerearse y poner un límite al goce, ubicándolo como un sujeto nombrado por el lenguaje y ya no un objeto de goce del Otro, la escena de ver la leche sobre su pene hace que el niño se presentifique nombrándose como Roberto, su propio nombre, el movimiento de la leche sobre su cuerpo podría ser una forma de extracción del objeto, que Roberto utiliza para producir un significante que lo nombra. Como se detalló anteriormente el nombrar también puede ser una manera de operación de extracción de objeto que permite un agujeramiento en la dimensión del lenguaje en el sujeto y su posterior posibilidad de anudamiento. Con este caso se logra exponer el intento de agujereamientos en lo real de su cuerpo, lenguaje y algo del goce del niño, el los propios juegos que el crea, juegos que hacen operar posibles extracciones de objetos que posteriormente en Roberto anuda en un delirio que lo logra estabilizar, crear y lograr lazos con el otro. Cuando se logra la extracción del objeto, este comienza a circular del lado del Otro, puesto que Roberto ya no es el objeto a merced del goce del Otro, sino que logra nombrar, nombrarse, crear, jugar con otros niños. Los significantes que Roberto logra extraer “lobo”, “Roberto”, “pene que da leche” son los que ayudan a encadenarse con otros significantes de manera metonímica, donde aumenta su discurso en un delirio que tiene que ver con su historia y trauma, y de esta forma poder utilizar estos significantes para crear y gozar de ellos, saliendo del plano de ser gozado.
Como última acotación se relatará un fragmento del caso Carla de Silvia Elena Tendlarz, trozo que llama la atención por demostrar claramente el efecto clínico de trabajar con la extracción del objeto en niños psicóticos. “Un día establece la secuencia: canta el feliz cumpleaños en tercera persona…luego vuelve a cantarlo y sustituye Carla por caballito. Se encierra en el placard con el caballito y cierra la puerta. Me apresuro a salir de mi silencio para cortar la sesión y decir chau caballito, mientras la conduzco fuera del consultorio… Al finalizar la sesión siguiente guarda el caballito y dice chau caballito. Este significante queda enlazado a su análisis… Carla empieza a armar pequeñas frases y utiliza más palabras. Se dirige a los otros con la mirada, pide cosas, parece más conectada…”[4]. En este caso se puede entender que a partir de la intervención de la analista dirigida a la separación de Carla a través del objeto que la niña extrae del Otro, le da un lugar a Carla, nombrándose como caballito, utilizando el objeto extraído y saliendo del lugar de objeto condensador de goce de la madre, por medio del corte, comienzan a aparecer cambios significativos en Carla, aumentando su discurso, reconociendo mejor su imagen y separándola del Otro.
Aquí cabe añadir otra manera de trabajar con la extracción del objeto por medio de los objetos que el niño psicótico privilegia, objetos que el niño extrae de su entorno para lograr un movimiento de separación en la alienación del niño con su madre. En el caso Carla, ella privilegia el caballito por la oportuna intervención de la analista, para luego identificarse de alguna manera con este caballito y crearse un lugar a través de el, luego a partir del significante caballo encadena otros significantes “cabello”, “cabellera”, donde empieza un juego con la analista con el cabello de ella y el de la niña, así empiezan otra serie de juegos destinados a que Carla logre diferenciar su cuerpo del cuerpo del Otro, así como su imagen. El simple corte de la analista a partir del objeto extraído por Carla creó el inicio de separar a esta niña de su alienación materna y poco a poco llevaron a la niña a crear su propio cuerpo, imagen y discurso. Pero también el propio analista puede ser tomado como el objeto privilegiado por el niño psicótico, en este caso particular existen la posibilidad que la analista sea el objeto que anuda lo real, simbólico e imaginario a Carla.
En conclusión para entender el trato con psicóticos, siempre para que haya una construcción delirante o de otro tipo por parte del sujeto psicótico debe haber antes una cierta extracción del objeto, para que el psicótico logre separarse de el goce, dejar la confusión y ponerse a crear en su delirio, lo que lo constituiría como sujeto que habla de su historia y se la enuncia a un otro. Es un continuo trabajo de hacer separar, diferenciando el objeto del sujeto.
Bibliografía
Baio, Virginio. El sujeto más allá del niño. Publicación del Equipo 111, Centro de Día Terapéutico-Educativo.
Baio, V. Ir contra lo real del niño. En El síntoma charlatán. ED. Paidós, Argentina, 1998.
Rivas, Enrique. Pensar la psicosis. Miguel Gómez ediciones, España, 2005.
Tendlarz, Silva Elena. ¿De qué sufren los niños? ED. Lugar, Buenos Aires, 2004.
[1] Rivas, Enrique. Pensar la psicosis. Miguel Gómez ediciones, España, 2005, Página 98.
[2] Ibid., pág.99.
[3] Caso extraído de Varios autores. El síntoma charlatán. Baio, Virginio. Ir contra lo real del niño psicótico. ED. Paidós, Argentina, 1998, pág. 284
[4] Tendlarz, Silvia Elena, ¿De qué sufren los niños? ED.Lugar, Buenos Aires, 2004, pág. 136-137.
viernes, 22 de enero de 2010
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