Notas de cine y psicoanálisis
Entre las tantas miradas que pueden apreciar lo que las obras
cinematográficas nos brindan según los campos de estudio, historia personal,
nivel sociocultural o política entre otros, por ahora existe un interés particular
que el psicoanálisis se acerca al cine,
ya que éste ofrece a las personas un efecto no sólo de espectador sino de
participante en la obra. Desde este punto de vista el cine mezcla un gran
material técnico y teórico que el psicoanálisis encuentra desde su teoría un
entendimiento fascinante. El cine además de entretenernos nos enseña en simples
o complicadas imágenes el valor del simbólico y ejemplifica extraordinariamente
conceptos de estudio vistos en pacientes, así consideramos que el cine como
objeto es un dador de sentido, como el texto que es leído, como el sujeto
descifrado.
Ese efecto que produce el cine no es algo que deba pasar desapercibido,
precisamente por él es que este tipo de arte persiste e insiste en la sociedad,
evolucionando y cambiando igual como cambiamos los sujetos pero siempre
estático en el punto de producir en el espectador una interrogante en los
instantes de observador una película, esos simple minutos de estar sentado
frente a la pantalla y mirar un serie de imágenes pueden marcar en el sujeto un
antes y un después en su vida, cuando esto ocurre es un acto que conmueve al
espectador y convertirá ese film en un objeto inolvidable.
No todos los films
producen estos efectos, y tal vez no todos los sujetos están en el lugar
de alcanzarlos; pero el psicoanálisis se interesa en el cine que produce
repercusiones y deja en el cuerpo del espectador un sensación que a veces es
imposible de explicar, porque toca ese real en cada sujeto.
Y me ubicaré en un punto particular que el cine utiliza como
herramienta, visualizada tanto en películas de Lynch o en otras dentro del
círculo de cine-arte; es esa manera de acercarse a los objetos y presentando
una realidad distinta cuando una toma es mirada de cerca o de lejos. Cuando
esto ocurre la percepción cambia y el sentido unida a él, cuando desde un punto
de vista se pensaba que algo tenía una significación la imagen se aleja y esta
significación cambia rotundamente, interrogándonos sobre lo que ¿qué hay que creer
cuando se observa, sobre qué es realidad, sobre cuál es el sentido de las
cosas, sobre cuál es el sentido en sí? Van a existir distintas maneras de
observar lo mismo dependiendo de la ubicación de la cámara, del ojo, del
espectador.
Realidad y sentido dos puntos continuamente evidenciados en
la serie de imágenes presentadas en los films, siempre amenazando al espectador
que eso que ve no es, que eso que cree es otra cosa. El psicoanálisis trabaja en esta misma línea
por esta razón el material cinematográfico nos enseña que aunque seamos de
distintos campos, apuntamos en el sujeto a un técnica similar que es
interrogar, dividir, sacar de la comodidad de los semblantes y sus sentidos,
para ir más allá y quedarse en el punto de dudar de lo que se sabe. Vaciar,
destruir y construir sentidos a medida que pasan los minutos de la película y
quedarnos al final con una aproximación de lo que nos dijo la cinta pero
también con el dilema de que tal vez lo que pensamos no es. Es como Lacan nos
dice que si uno cree haber comprendido seguramente se está equivocado.
Por Psi. Martha Idrovo V.
martes, 27 de marzo de 2012
Breves ideas sobre el goce
Breves ideas
sobre el goce
Grupo de estudio CEIP: Seminario XX
El presente
trabajo está motivado para entender un poco más sobre este concepto tan
importante en la clínica psicoanalítica que es el goce, palabra que retumba y
que en cada uno según su historia tiene una potencia particular. Trataré de
percibir cómo llegó este término a nuestro estudio y qué se hace con este ya
sea como analistas y como analizantes.
En el seminario
XX Lacan nos brinda varias ideas sobre el goce pero este empezó a formularse
desde los seminarios IV y V con unas idas y venidas confusas y hasta forzadas
en algún momento, pero indispensables para llegar a comprender el tan famoso
goce. Por esta razón antes de entrar a
trabajar lo que Lacan nos expuso en Aún,
caminaré un poco por el recorrido que hizo basándome en los seis paradigmas del
goce de Miller.
Cuando Lacan
apuesta todas sus fichas para explicar que lo simbólico es todo, dándole al
sentido de las palabras el lugar fundamental en la experiencia analítica donde
el inconsciente como lenguaje debía ser descifrado y la satisfacción simbólica
fue la primera respuesta válida para el destino de las pulsiones, aparece una dimensión que no es tomada en cuenta y
tiene alta relevancia, lo imaginario deslumbra con otro tipo de lógica y
satisfacción y aquí el goce imaginario, primer paradigma el cual ya va haciendo
ver al goce con su carácter de no poder ser simbolizado, ya que Lacan coloca
como dimensión imaginaria todo lo que no puede ser ubicado en la satisfacción simbólica. Aquí existen dos lugares lo simbólico que es dinámico
y lo imaginario que es lo estancado e inerte.
El goce
imaginario emerge cuando se fractura algo en la cadena significante y es
obstáculo de esta, siendo para Lacan todo lo que es libidinal en Freud.
Simultáneamente
cuando Lacan se percata de la existencia del goce imaginario no deja de lado su
fascinación por lo simbólico y poco a poco va constituyendo su segundo
paradigma que es la significatización del goce, donde él percibe que el
imaginario está dominado por lo simbólico y por lo tanto articulados, siendo el fantasma el punto de
nexo y en el cual por un largo tiempo se centrará la cura analítica. Pero lo más importante en este paradigma es
el paso del falo imaginario al falo simbólico, el falo como un significante.
Al
significatizar al goce Lacan se tropieza con la pulsión de Freud, ya que la
reduce a una cadena significante, surgiendo entonces el tercer paradigma, el
goce imposible, donde la verdadera satisfacción pulsional no se encuentra ni en
lo imaginario, ni en lo simbólico sino en lo real. En este paradigma el goce es absoluto en su
plano real y no esta anulado por el significante transformado en deseo como lo
planteaba en el segundo paradigma, apareciendo das Ding como la cosa que queda fuera de cualquier significación, y
oponiendo la homeostasis del placer y los excesos del goce, dejando a este último
como el malo de la película, evidenciado en los síntomas del sujeto, definiendo
síntoma como la incompatibilidad entre
goce y sujeto.
Luego en el
seminario XI Lacan plantea una nueva alianza entre lo simbólico y goce,
llamando a este cuarto paradigma el goce fragmentado el cual no es absoluto ni
inaccesible sino que se puede llegar a el por el huequito de una pulsión que va
y viene. En este paradigma se cambia la
noción de un goce horroroso del cual nada se quiere y se puede saber porque
pone al sujeto como el sádico enfermo si es que de alguna manera expresa y
manifiesta su presencia, a un goce fragmentado por las pulsiones parciales que se encuentran en
todo sujeto y que gracias al goce pulsional automático se recorre el camino
normal de la pulsión que responde al vacío significante, por eso es menester
precisar que goce y significante están relacionados.
En este punto se
entiende mejor la dinámica del goce como lo explicó perfectamente Freud con su
teoría de la pulsión, Lacan empieza su recorrido desde esta teoría y de manera
paulatina llega a entender al goce como pulsión.
Al acercarse al
seminario XVII Lacan formula su quinto
paradigma, que es el goce discursivo donde destaca que la relación entre
significantes y goce es primitiva y originaria, es decir no se da lo uno sin lo
otro. Este paradigma también lo explica Lacan en el seminario XX que es por el
cual estamos acá reunidos, siendo este trabajo inspirado por la lectura de Aún.
Entonces ¿Cómo se origina el goce? Se
origina por la introducción del sujeto a la estructura del lenguaje y no por
una contingencia histórica, ya sea esté sujeto a los significantes o atravesados
por ellos sin encadenarlos, es decir el goce es exclusivo al ser humano por
estar inmersos en el mar de significantes, y estos como sabemos son limitados y
por eso producen esa hiancia de donde
emerge el goce que existe e insiste, empuja al sujeto a algo que trata de darle
sentido pero como tal no tiene, ni tampoco utilidad, pero tiene un fin, el
recorrido de la pulsión que es una satisfacción distinta a la del principio de
placer, ya que no acaba por satisfacerse sino en dar la vuelta, y eso la hace
excesiva e insistente.
Se puede decir que la dinámica de goce empieza desde la inmersión significante
la cual encadena los tres registros, del lado real aparece el goce que empuja
el movimiento de los otros dos, lo simbólico e imaginario, tratando de darle
sentido a lo imposible del goce. Y en
aquellos sujetos que intentan alcanzar la relación sexual y no comprenden que es imposible realizarla
estando vivos, se enfrentan con la muerte y la autodestrucción, por eso al goce
hay que manejarlo, limitarlo, redistribuirlo y contenerlo por medio de lo simbólico
e imaginario, que es esa su misión.
Pero antes de entrar de lleno en lo que
nos esclarece sobre el goce el seminario XX, expondré otras ideas sobre el
mismo, como por ejemplo la noción contemporánea de que no existiría el goce
sino los goces, ya que el goce como uno es imposible, porque es la no relación
sexual.
Además tendríamos diferencias entre:
· Goce Otro.- que
se encuentra en la psicosis. Donde es el Otro quien goza del cuerpo del
psicótico.
· Otro goce.- que
es el goce femenino, donde pueden haber tantos goces como mujeres en el mundo,
un goce que no está definido por el falo sino más allá de él.
· Goce del Otro.-
encuentra su lugar en el goce fálico. Este es el goce imposible, de la no
relación sexual.
· Goce místico.- es
el que se siente pero nada se sabe, no pasa por el significante fálico por eso
se vincula al goce femenino.
Pero esta idea de los goces luego es
debatida en Aún por la existencia de que hay el goce del uno sin relación al
otro, sino en relación al cuerpo viviente que habla. De todas maneras la idea
de la pluralidad de goces puede ser entendida en la medida que no existe una
solución terapéutica al goce ya que este no se puede reducir a 0, siempre que
caduque un goce va a aparecer otro en relevo, porque como se detalló antes el
goce obedece al recorrido de la pulsión que jamás dejara de dar la vuelta al
agujero. Desde esta visión el goce siempre sería femenino porque no se agota y
además no siempre pasa por el significante fálico. Pero para algunos la idea es
hacerlo pasar por el falo porque lo regula.
Y a todo esto ¿Qué es el goce? es lo que
no sirve para nada, siendo una instancia negativa, porque no puede ser
simbolizada, es esa ganancia que no hay que despilfarrar, siendo cada sujeto
responsable en cómo utilizarla, es decir es útil en la medida que hace ver qué
elaborar con lo imposible. El goce
insiste en enfrentarnos en la imposibilidad de la relación sexual y esa
insistencia que no debe pasar desapercibida nos hace a cada sujeto trabajar en
la manera en cómo cada uno responderá a esta falta, nos hace descubrir
recursos, respuestas y modos para desplazar, transferir o sustituir este goce
que de alguna manera se satisface, y precisamente en el método que cada uno
practique para maniobrar con su goce, si es que este logra un balance entre
satisfacción pulsional y estructura significante es que el sujeto encuentra la felicidad,
la cual son sólo instantes.
Y siguiendo esta línea donde se insiste
en la articulación entre los significantes y el goce ya que como se dijo no hay
el uno sin lo otro, se puede detallar lo que nos dice Aún que el significante
es la causa del goce, y esto tiene relación con el goce del uno que nos habla
este seminario, el goce no solo con el propio cuerpo sino con el cuerpo del
otro, entendiendo que para gozar del cuerpo es necesario simbolizarlo, no se
puede gozar de todo un cuerpo sino de una parte de él, y esa parte es
seleccionada dependiendo a la significación que le dio el sujeto. El goce es activado por el significante.
Pero el seminario XX también nos aclara
que el goce y el amor poseen dos caminos distintos. El amor va por el lado del deseo, netamente
simbólico, contrario al goce que aunque articulado al significante es real y busca
satisfacerse en su recorrido, el goce no se engaña, ni cree en la relación
sexual, es más evidencia su imposibilidad.
El amor es incapaz aunque sea recíproco, pide signos incesantemente,
siendo un recurso del sujeto para manejar la no relación sexual jugando a que
sí existe. En resumen el amor es un
medio simbólico para hacer algo con el goce, siendo el significante causa y
regulador del mismo.
Y ahora si el goce recorre los caminos
normales de la pulsión, ¿Por qué atormenta? Precisamente por eso, es
implacentero porque es placentero, obedece a la satisfacción del recorrido de
la pulsión y cada ser hablante conoce que existe algo por decirlo rico en ese
recorrido, pero como éste no deja de dar la vuelta, resulta excesivo y sin fin,
dándole al goce su efecto de mortificante y destructivo. No hay que tratar de satisfacer al goce
porque no se puede, este posee otra lógica, pero tampoco hay que evitarlo
porque existe y es activado por el significante, y como sabemos somos
significantes.
¿Y qué hacer con el goce? Por el lado del analista y analizante debemos
estar advertidos que el goce irrumpirá constantemente. El analista llevado por el sexto paradigma
que indica que existe el goce del cuerpo que habla, sabe que la única manera de
llegar al goce es por medio de la palabra, así que utilizará medios
simbólicos-imaginarios como el semblante para llegar a lo imposible. El
semblante hace creer que hay algo donde no lo hay, precisamente hace creer que
existe la relación sexual, pero aquí retumba la frase de que hay que prescindir
del padre valiéndose de él, puesto que aunque se intente rebajar esos
semblantes que solo tapan lo imposible, se los necesita para llegar a este. Por
tanto el analista presta su cuerpo para que produzca algo en el analizante,
puesto que el goce se relaciona con el cuerpo unido a un significante, por lo
que el analista estará a la espera de qué significante activa el goce que su
cuerpo presentifica como real. Este uso de los semblantes no es resultado
exclusivo de una decisión del analista. Su formación como tal a raíz de su
análisis personal da este consentimiento, es decir que la propia relación del
analista a lo real le habilitará a
encarnar el semblante que convenga y hacer el "buen uso".
Por el lado del analizante es estar
atento a qué significante esta unido su goce, enfrentar lo que este demuestra
que es la no relación sexual, y qué hacer ante esto, en la medida de no
intentar satisfacer el goce puesto que es imposible sino tratar de redistribuir
su energía de una forma que no sea dañina ni para uno ni para los otros, ya que
se conoce que todos los excesos son malos y el goce si no se lo limita tiende
al exceso.
Aunque al amor se lo ubique como
sustituto de la no relación sexual, es necesario detectar cuando amor y goce se
confunden. El amor va por la vía del
deseo y lo simbólico, además de no tener nada que ver con el sexo, se juega con
el intento de completar al otro y completarse por medio de gestos y palabras románticas
y todo lo cursi que eso envuelve. Como va por el lado del deseo, no destruye
sino que construye ciertas maneras para vérselas frente a ese otro y el Otro.
Pero que ocurre cuando la mujer que es
golpeada proclama que eso sucede porque es amor, que su hombre la ama por eso
la golpea. Es el caso de Brenda una
mujer de 45 años que acude a consulta porque su esposo le es infiel, durante
las entrevistas sale a relucir que es constantemente golpeada por su pareja,
pero esto no es lo que la hace sufrir sino que vio a su esposo con otra. Brenda no se pregunta si está bien o mal que
su marido la golpee, lo ve normal y dice que él lo hace para que ella aprende a
ser una buena mujer, es decir lo hace porque la ama, es normal porque creció en
un contexto familiar donde las mujeres eran golpeadas para que se produzca un
aprendizaje, pero cuando su hombre empezó a golpear a otra mujer y no solo a
ella se produjo el problema. Aquí el goce esta unido al significante del golpe
que dispara en Brenda su manera de gozar, ella está muy cómoda en su goce sin
hacerse pregunta por él, pero esto no va
por el camino del amor, porque el golpe al cuerpo es algo real que no
construye nada, sin deseo, sin palabras, puro goce destructivo.
A pesar de que Brenda sea neurótica histérica
con todo el mar de significantes que podría utilizar para limitar ese goce y
darle la vuelta, tenemos a Francoise (caso extraído del texto “Amor en la
psicosis”) joven de 27 años, con psicosis, que asegura que tener un compañero
evita que caiga en el vacío, y conoce a un joven que tiene tolerancia hacia la
petición de ella de convivir sin coito ya que la penetración de esta pareja le
angustia, pero esa tolerancia se agota. Valiéndose de su creatividad distribuye
vasos alrededor de su cama como una “corona de vacío” que contenga su angustia,
pero con la condición que su pareja se vende los ojos durante el acto sexual,
poco después él desea verla y Francoise crea otra solución un bricolaje con
trozos de madera de un basural y pequeños pedazos de carne cruda, coloca el
cuadro encima de la cama, y crea un “espacio concedido”, que alivia la angustia
de estar demasiado encajada con su pareja durante el coito. Este claramente no es un amor neurótico,
ligado al falo o como suplencia de la no relación sexual, pero es amor en la
medida que ella crea un objeto vacío, el vaso o el cuadro, que abre un agujero
de la falta y así desconecta goce del órgano y muerte y así pueda permanecer
con su compañero que ama.
Es obvio que hablar de amor en la
psicosis da para otra reunión pero solo esbocé estos casos para ejemplificar la
presencia de goce en todo ser humano y cómo es posible utilizarlo de acuerdo a
nuestra creatividad y así evitar que este nos persiga como algo aterrador, el
goce existe y existirá ya que es un impasse resultante de la estructura del
lenguaje, pero agradezcamos que tenemos el mismo para poder domarlo, el lenguaje nos deja este “regalito” pero
también nos ofrece su solución.
Por Mg. Psi. Martha Idrovo V.
Bibliografía
Lacan Jacques, Seminario XX. Editorial Paidós, Buenos
Aires-Argentina, 2006. Cap. 1-6.
Lacan Jacques, Seminario XI. Editorial Paidós, Buenos
Aires-Argentina, 2006.
Miller
Jacques-Alain, La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Editorial
Paidós, Buenos Aires- Argentina, 2003. Cap. 12-14.
Miller
Jacques-Alain, Amor en la psicosis.
Editorial Paidós, Buenos Aires-Argentina, 2008, Pág. 13-23.
sobre el goce
Grupo de estudio CEIP: Seminario XX
El presente
trabajo está motivado para entender un poco más sobre este concepto tan
importante en la clínica psicoanalítica que es el goce, palabra que retumba y
que en cada uno según su historia tiene una potencia particular. Trataré de
percibir cómo llegó este término a nuestro estudio y qué se hace con este ya
sea como analistas y como analizantes.
En el seminario
XX Lacan nos brinda varias ideas sobre el goce pero este empezó a formularse
desde los seminarios IV y V con unas idas y venidas confusas y hasta forzadas
en algún momento, pero indispensables para llegar a comprender el tan famoso
goce. Por esta razón antes de entrar a
trabajar lo que Lacan nos expuso en Aún,
caminaré un poco por el recorrido que hizo basándome en los seis paradigmas del
goce de Miller.
Cuando Lacan
apuesta todas sus fichas para explicar que lo simbólico es todo, dándole al
sentido de las palabras el lugar fundamental en la experiencia analítica donde
el inconsciente como lenguaje debía ser descifrado y la satisfacción simbólica
fue la primera respuesta válida para el destino de las pulsiones, aparece una dimensión que no es tomada en cuenta y
tiene alta relevancia, lo imaginario deslumbra con otro tipo de lógica y
satisfacción y aquí el goce imaginario, primer paradigma el cual ya va haciendo
ver al goce con su carácter de no poder ser simbolizado, ya que Lacan coloca
como dimensión imaginaria todo lo que no puede ser ubicado en la satisfacción simbólica. Aquí existen dos lugares lo simbólico que es dinámico
y lo imaginario que es lo estancado e inerte.
El goce
imaginario emerge cuando se fractura algo en la cadena significante y es
obstáculo de esta, siendo para Lacan todo lo que es libidinal en Freud.
Simultáneamente
cuando Lacan se percata de la existencia del goce imaginario no deja de lado su
fascinación por lo simbólico y poco a poco va constituyendo su segundo
paradigma que es la significatización del goce, donde él percibe que el
imaginario está dominado por lo simbólico y por lo tanto articulados, siendo el fantasma el punto de
nexo y en el cual por un largo tiempo se centrará la cura analítica. Pero lo más importante en este paradigma es
el paso del falo imaginario al falo simbólico, el falo como un significante.
Al
significatizar al goce Lacan se tropieza con la pulsión de Freud, ya que la
reduce a una cadena significante, surgiendo entonces el tercer paradigma, el
goce imposible, donde la verdadera satisfacción pulsional no se encuentra ni en
lo imaginario, ni en lo simbólico sino en lo real. En este paradigma el goce es absoluto en su
plano real y no esta anulado por el significante transformado en deseo como lo
planteaba en el segundo paradigma, apareciendo das Ding como la cosa que queda fuera de cualquier significación, y
oponiendo la homeostasis del placer y los excesos del goce, dejando a este último
como el malo de la película, evidenciado en los síntomas del sujeto, definiendo
síntoma como la incompatibilidad entre
goce y sujeto.
Luego en el
seminario XI Lacan plantea una nueva alianza entre lo simbólico y goce,
llamando a este cuarto paradigma el goce fragmentado el cual no es absoluto ni
inaccesible sino que se puede llegar a el por el huequito de una pulsión que va
y viene. En este paradigma se cambia la
noción de un goce horroroso del cual nada se quiere y se puede saber porque
pone al sujeto como el sádico enfermo si es que de alguna manera expresa y
manifiesta su presencia, a un goce fragmentado por las pulsiones parciales que se encuentran en
todo sujeto y que gracias al goce pulsional automático se recorre el camino
normal de la pulsión que responde al vacío significante, por eso es menester
precisar que goce y significante están relacionados.
En este punto se
entiende mejor la dinámica del goce como lo explicó perfectamente Freud con su
teoría de la pulsión, Lacan empieza su recorrido desde esta teoría y de manera
paulatina llega a entender al goce como pulsión.
Al acercarse al
seminario XVII Lacan formula su quinto
paradigma, que es el goce discursivo donde destaca que la relación entre
significantes y goce es primitiva y originaria, es decir no se da lo uno sin lo
otro. Este paradigma también lo explica Lacan en el seminario XX que es por el
cual estamos acá reunidos, siendo este trabajo inspirado por la lectura de Aún.
Entonces ¿Cómo se origina el goce? Se
origina por la introducción del sujeto a la estructura del lenguaje y no por
una contingencia histórica, ya sea esté sujeto a los significantes o atravesados
por ellos sin encadenarlos, es decir el goce es exclusivo al ser humano por
estar inmersos en el mar de significantes, y estos como sabemos son limitados y
por eso producen esa hiancia de donde
emerge el goce que existe e insiste, empuja al sujeto a algo que trata de darle
sentido pero como tal no tiene, ni tampoco utilidad, pero tiene un fin, el
recorrido de la pulsión que es una satisfacción distinta a la del principio de
placer, ya que no acaba por satisfacerse sino en dar la vuelta, y eso la hace
excesiva e insistente.
Se puede decir que la dinámica de goce empieza desde la inmersión significante
la cual encadena los tres registros, del lado real aparece el goce que empuja
el movimiento de los otros dos, lo simbólico e imaginario, tratando de darle
sentido a lo imposible del goce. Y en
aquellos sujetos que intentan alcanzar la relación sexual y no comprenden que es imposible realizarla
estando vivos, se enfrentan con la muerte y la autodestrucción, por eso al goce
hay que manejarlo, limitarlo, redistribuirlo y contenerlo por medio de lo simbólico
e imaginario, que es esa su misión.
Pero antes de entrar de lleno en lo que
nos esclarece sobre el goce el seminario XX, expondré otras ideas sobre el
mismo, como por ejemplo la noción contemporánea de que no existiría el goce
sino los goces, ya que el goce como uno es imposible, porque es la no relación
sexual.
Además tendríamos diferencias entre:
· Goce Otro.- que
se encuentra en la psicosis. Donde es el Otro quien goza del cuerpo del
psicótico.
· Otro goce.- que
es el goce femenino, donde pueden haber tantos goces como mujeres en el mundo,
un goce que no está definido por el falo sino más allá de él.
· Goce del Otro.-
encuentra su lugar en el goce fálico. Este es el goce imposible, de la no
relación sexual.
· Goce místico.- es
el que se siente pero nada se sabe, no pasa por el significante fálico por eso
se vincula al goce femenino.
Pero esta idea de los goces luego es
debatida en Aún por la existencia de que hay el goce del uno sin relación al
otro, sino en relación al cuerpo viviente que habla. De todas maneras la idea
de la pluralidad de goces puede ser entendida en la medida que no existe una
solución terapéutica al goce ya que este no se puede reducir a 0, siempre que
caduque un goce va a aparecer otro en relevo, porque como se detalló antes el
goce obedece al recorrido de la pulsión que jamás dejara de dar la vuelta al
agujero. Desde esta visión el goce siempre sería femenino porque no se agota y
además no siempre pasa por el significante fálico. Pero para algunos la idea es
hacerlo pasar por el falo porque lo regula.
Y a todo esto ¿Qué es el goce? es lo que
no sirve para nada, siendo una instancia negativa, porque no puede ser
simbolizada, es esa ganancia que no hay que despilfarrar, siendo cada sujeto
responsable en cómo utilizarla, es decir es útil en la medida que hace ver qué
elaborar con lo imposible. El goce
insiste en enfrentarnos en la imposibilidad de la relación sexual y esa
insistencia que no debe pasar desapercibida nos hace a cada sujeto trabajar en
la manera en cómo cada uno responderá a esta falta, nos hace descubrir
recursos, respuestas y modos para desplazar, transferir o sustituir este goce
que de alguna manera se satisface, y precisamente en el método que cada uno
practique para maniobrar con su goce, si es que este logra un balance entre
satisfacción pulsional y estructura significante es que el sujeto encuentra la felicidad,
la cual son sólo instantes.
Y siguiendo esta línea donde se insiste
en la articulación entre los significantes y el goce ya que como se dijo no hay
el uno sin lo otro, se puede detallar lo que nos dice Aún que el significante
es la causa del goce, y esto tiene relación con el goce del uno que nos habla
este seminario, el goce no solo con el propio cuerpo sino con el cuerpo del
otro, entendiendo que para gozar del cuerpo es necesario simbolizarlo, no se
puede gozar de todo un cuerpo sino de una parte de él, y esa parte es
seleccionada dependiendo a la significación que le dio el sujeto. El goce es activado por el significante.
Pero el seminario XX también nos aclara
que el goce y el amor poseen dos caminos distintos. El amor va por el lado del deseo, netamente
simbólico, contrario al goce que aunque articulado al significante es real y busca
satisfacerse en su recorrido, el goce no se engaña, ni cree en la relación
sexual, es más evidencia su imposibilidad.
El amor es incapaz aunque sea recíproco, pide signos incesantemente,
siendo un recurso del sujeto para manejar la no relación sexual jugando a que
sí existe. En resumen el amor es un
medio simbólico para hacer algo con el goce, siendo el significante causa y
regulador del mismo.
Y ahora si el goce recorre los caminos
normales de la pulsión, ¿Por qué atormenta? Precisamente por eso, es
implacentero porque es placentero, obedece a la satisfacción del recorrido de
la pulsión y cada ser hablante conoce que existe algo por decirlo rico en ese
recorrido, pero como éste no deja de dar la vuelta, resulta excesivo y sin fin,
dándole al goce su efecto de mortificante y destructivo. No hay que tratar de satisfacer al goce
porque no se puede, este posee otra lógica, pero tampoco hay que evitarlo
porque existe y es activado por el significante, y como sabemos somos
significantes.
¿Y qué hacer con el goce? Por el lado del analista y analizante debemos
estar advertidos que el goce irrumpirá constantemente. El analista llevado por el sexto paradigma
que indica que existe el goce del cuerpo que habla, sabe que la única manera de
llegar al goce es por medio de la palabra, así que utilizará medios
simbólicos-imaginarios como el semblante para llegar a lo imposible. El
semblante hace creer que hay algo donde no lo hay, precisamente hace creer que
existe la relación sexual, pero aquí retumba la frase de que hay que prescindir
del padre valiéndose de él, puesto que aunque se intente rebajar esos
semblantes que solo tapan lo imposible, se los necesita para llegar a este. Por
tanto el analista presta su cuerpo para que produzca algo en el analizante,
puesto que el goce se relaciona con el cuerpo unido a un significante, por lo
que el analista estará a la espera de qué significante activa el goce que su
cuerpo presentifica como real. Este uso de los semblantes no es resultado
exclusivo de una decisión del analista. Su formación como tal a raíz de su
análisis personal da este consentimiento, es decir que la propia relación del
analista a lo real le habilitará a
encarnar el semblante que convenga y hacer el "buen uso".
Por el lado del analizante es estar
atento a qué significante esta unido su goce, enfrentar lo que este demuestra
que es la no relación sexual, y qué hacer ante esto, en la medida de no
intentar satisfacer el goce puesto que es imposible sino tratar de redistribuir
su energía de una forma que no sea dañina ni para uno ni para los otros, ya que
se conoce que todos los excesos son malos y el goce si no se lo limita tiende
al exceso.
Aunque al amor se lo ubique como
sustituto de la no relación sexual, es necesario detectar cuando amor y goce se
confunden. El amor va por la vía del
deseo y lo simbólico, además de no tener nada que ver con el sexo, se juega con
el intento de completar al otro y completarse por medio de gestos y palabras románticas
y todo lo cursi que eso envuelve. Como va por el lado del deseo, no destruye
sino que construye ciertas maneras para vérselas frente a ese otro y el Otro.
Pero que ocurre cuando la mujer que es
golpeada proclama que eso sucede porque es amor, que su hombre la ama por eso
la golpea. Es el caso de Brenda una
mujer de 45 años que acude a consulta porque su esposo le es infiel, durante
las entrevistas sale a relucir que es constantemente golpeada por su pareja,
pero esto no es lo que la hace sufrir sino que vio a su esposo con otra. Brenda no se pregunta si está bien o mal que
su marido la golpee, lo ve normal y dice que él lo hace para que ella aprende a
ser una buena mujer, es decir lo hace porque la ama, es normal porque creció en
un contexto familiar donde las mujeres eran golpeadas para que se produzca un
aprendizaje, pero cuando su hombre empezó a golpear a otra mujer y no solo a
ella se produjo el problema. Aquí el goce esta unido al significante del golpe
que dispara en Brenda su manera de gozar, ella está muy cómoda en su goce sin
hacerse pregunta por él, pero esto no va
por el camino del amor, porque el golpe al cuerpo es algo real que no
construye nada, sin deseo, sin palabras, puro goce destructivo.
A pesar de que Brenda sea neurótica histérica
con todo el mar de significantes que podría utilizar para limitar ese goce y
darle la vuelta, tenemos a Francoise (caso extraído del texto “Amor en la
psicosis”) joven de 27 años, con psicosis, que asegura que tener un compañero
evita que caiga en el vacío, y conoce a un joven que tiene tolerancia hacia la
petición de ella de convivir sin coito ya que la penetración de esta pareja le
angustia, pero esa tolerancia se agota. Valiéndose de su creatividad distribuye
vasos alrededor de su cama como una “corona de vacío” que contenga su angustia,
pero con la condición que su pareja se vende los ojos durante el acto sexual,
poco después él desea verla y Francoise crea otra solución un bricolaje con
trozos de madera de un basural y pequeños pedazos de carne cruda, coloca el
cuadro encima de la cama, y crea un “espacio concedido”, que alivia la angustia
de estar demasiado encajada con su pareja durante el coito. Este claramente no es un amor neurótico,
ligado al falo o como suplencia de la no relación sexual, pero es amor en la
medida que ella crea un objeto vacío, el vaso o el cuadro, que abre un agujero
de la falta y así desconecta goce del órgano y muerte y así pueda permanecer
con su compañero que ama.
Es obvio que hablar de amor en la
psicosis da para otra reunión pero solo esbocé estos casos para ejemplificar la
presencia de goce en todo ser humano y cómo es posible utilizarlo de acuerdo a
nuestra creatividad y así evitar que este nos persiga como algo aterrador, el
goce existe y existirá ya que es un impasse resultante de la estructura del
lenguaje, pero agradezcamos que tenemos el mismo para poder domarlo, el lenguaje nos deja este “regalito” pero
también nos ofrece su solución.
Por Mg. Psi. Martha Idrovo V.
Bibliografía
Lacan Jacques, Seminario XX. Editorial Paidós, Buenos
Aires-Argentina, 2006. Cap. 1-6.
Lacan Jacques, Seminario XI. Editorial Paidós, Buenos
Aires-Argentina, 2006.
Miller
Jacques-Alain, La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Editorial
Paidós, Buenos Aires- Argentina, 2003. Cap. 12-14.
Miller
Jacques-Alain, Amor en la psicosis.
Editorial Paidós, Buenos Aires-Argentina, 2008, Pág. 13-23.
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